25/06/2026 21:25 - Internacionales
El primer ministro holandés Rob Jetten ofreció el 21 de junio de 2026 una disculpa formal por el maltrato a miles de soldados molucanos que sirvieron en el ejército colonial holandés durante la lucha por la independencia de Indonesia. La ceremonia tuvo lugar durante la inauguración de un monumento nacional en el puerto de Rotterdam, precisamente donde llegó el último barco con esta comunidad en 1951.
Tras la independencia de Indonesia en 1949, aproximadamente 12.500 personas —soldados del Real Ejército de las Indias Orientales Holandesas y sus familias— llegaron a los Países Bajos en 1951. Muchos no tuvieron elección en su traslado.
Creían que sería una evacuación temporal de seis meses mientras esperaban formar su propia república molucana. Sin embargo, esa república nunca llegó a existir y muchos nunca desempacaron sus maletas.
Los soldados fueron dados de baja involuntariamente, se les prohibió trabajar y votar, y fueron alojados en lugares como el campo de tránsito nazi Westerbork.
La alcaldesa de Rotterdam, Carola Schouten, reconoció: "Fueron tratados con frialdad, su lealtad tuvo un alto precio y frecuentemente fue un dolor silencioso".
"Por su baja desalmada y deshonrosa como soldados, por su recepción y alojamiento inadecuados, por ser ignorados y abandonados, por el anhelo incumplido de regresar a casa, por el dolor y sufrimiento en tantas familias molucanas... por esto, ofrezco disculpas hoy en nombre del gobierno holandés".
Jetten enfatizó que una próxima investigación parlamentaria con participación de la comunidad —que hoy cuenta con 70.000 descendientes— es fundamental para avanzar.
Llegada de 12.500 molucanos a Holanda
Activismo con tomas de rehenes y secuestro de tren
Primer acuerdo con el gobierno holandés
El monumento financiado por crowdfunding fue creado por los artistas Jaïr Pattipeilohy y Maurice den Boer, y representa la proa de un barco tradicional molucano. El proyecto tomó 10 años de lucha, según Yordi Tahamata, presidente de la fundación del monumento.
"Estoy aquí como el nieto de mis abuelos... parte de una generación que llegó a los Países Bajos bajo órdenes militares y construyó una vida en una tierra extraña, sin certeza sobre un futuro que ninguno había previsto", dijo Tahamata.
Eduard Latuheri, de 98 años, uno de los soldados sobrevivientes, fue invitado a bendecir el monumento. Su nieto, Dennis van Peterson, expresó sentimientos encontrados: "Para el abuelo es lo correcto, pero la primera generación ya no está. Es demasiado tarde".
Las disculpas llegan tras décadas de reclamos de una comunidad que sufrió el incumplimiento de la promesa de ayudarlos a regresar a su tierra. Aunque algunos críticos señalan que las palabras llegaron tarde para muchos, el reconocimiento oficial marca un momento histórico para la comunidad molucana en los Países Bajos y representa un paso hacia sanar heridas de un pasado colonial.
Alfredo S. Quiroga