05/08/2026 13:51 - Salud
Ejercicio y presión arterial: cómo adaptar tu entrenamiento si tenés los valores altos o bajos
La presión arterial cambia constantemente para sostener funciones básicas del organismo, desde el riego del cerebro hasta el trabajo muscular. El ejercicio ocupa un lugar central porque modifica la demanda del cuerpo en tiempo real y también influye sobre la presión a mediano plazo. Sin embargo, la respuesta no es igual para todos y requiere precauciones según el perfil de cada persona.
Según informó Infobae citando un artículo de Harvard Health, el momento posterior al ejercicio merece especial atención porque puede producirse una caída adicional de la presión.
Cuando los valores son bajos de forma sostenida, puede aparecer la hipotensión. Aunque en personas sanas puede no causar síntomas, en otros casos se asocia con mareos, fatiga, visión borrosa o desmayos, sobre todo al cambiar de posición o después de la actividad física.
El esfuerzo físico eleva la presión mientras dura la actividad, pero el problema puede aparecer después, cuando la presión desciende de manera natural y se produce la llamada hipotensión postejercicio, una baja que puede reducir el flujo sanguíneo hacia el corazón y el cerebro.
La hipertensión exige un mayor esfuerzo del sistema cardiovascular y eleva el riesgo de eventos como infarto o accidente cerebrovascular. No obstante, la actividad física regular es una de las herramientas más importantes para reducir el riesgo cardiovascular.
La Heart Foundation recomienda actividades aeróbicas de intensidad moderada, como caminar a paso ligero, trotar, nadar o andar en bicicleta. Los ejercicios de fuerza con pesas o el propio peso corporal son adecuados si se realizan a intensidad moderada y sin contener la respiración.
Durante la actividad, la presión suele aumentar porque el sistema cardiovascular necesita bombear más sangre hacia los músculos. Ese ascenso es temporal y comienza a descender una vez que termina el esfuerzo.
Un estudio publicado en la revista Medicine analizó qué sucede tras sesiones de ejercicio de alta intensidad en 21 individuos sanos (promedio 22,2 años). Se encontró una disminución significativa de la presión arterial sistólica post-entrenamiento. Además, la magnitud de la caída inmediata se correlacionó con la reducción de la presión arterial observada tras 12 semanas de entrenamiento, mostrando una clara conexión entre la respuesta aguda del organismo y sus efectos crónicos.
Alfredo S. Quiroga