14/06/2026 22:05 - Tecnologia
Radiotelescopio MeerKAT con múltiples antenas blancas en el desierto del Karoo de Sudáfrica bajo un cielo estrellado, con ondas de radio visuales en tonos azules representando la detección de señales cósmicas distantes
Un equipo internacional de científicos ha confirmado la detección de un gigamáser de hidroxilo situado a más de 8.000 millones de años luz de la Tierra, estableciendo un nuevo récord de observación en el universo temprano. La señal, captada por el radiotelescopio MeerKAT ubicado en el desierto del Karoo (Sudáfrica), viajó durante miles de millones de años antes de llegar a nuestros instrumentos.
Lo más sorprendente es que la detección se logró en apenas cinco horas de observación, cuando descubrimientos similares suelen requerir cientos de horas de trabajo astronómico. Este hallazgo abre una nueva ventana para explorar capítulos ocultos de la historia cósmica.
Los máseres cósmicos son fenómenos conocidos por los astrónomos desde hace décadas, pero los gigamáseres representan una versión mucho más extrema. Mientras que un megamáser puede ser millones de veces más brillante que un máser convencional, un gigamáser alcanza luminosidades miles de veces superiores incluso a esas cifras extraordinarias.
El término puede recordar al de un láser, con una diferencia fundamental: en lugar de emitir luz visible, los gigamáseres generan intensas emisiones en frecuencias de radio.
La señal detectada por MeerKAT procede de una galaxia en plena colisión cósmica. Cuando los científicos analizan esta señal, no están viendo la galaxia tal como es ahora, sino tal como existía hace 8.000 millones de años, cuando el universo tenía menos de la mitad de su edad actual.
En aquella época, las galaxias eran mucho más turbulentas que hoy. Las colisiones galácticas eran frecuentes y las tasas de formación estelar alcanzaban niveles extraordinarios.
La galaxia observada aparece amplificada por un fenómeno conocido como lente gravitacional. Una galaxia situada entre la fuente original y la Tierra actúa como una gigantesca lupa cósmica, doblando la trayectoria de la luz y aumentando artificialmente el brillo del objeto lejano. Sin esa amplificación natural, la detección habría sido mucho más complicada.
El radiotelescopio MeerKAT es una de las infraestructuras científicas más avanzadas del planeta, con sensibilidad excepcional para detectar señales extremadamente débiles procedentes de regiones muy alejadas del cosmos.
Su capacidad para cubrir amplios rangos de frecuencia permite buscar múltiples fenómenos astronómicos de manera simultánea. Los investigadores estaban estudiando hidrógeno neutro, uno de los componentes fundamentales del universo, cuando identificaron la señal del gigamáser en los mismos datos.
Aunque se trata de una única detección, las implicaciones podrían ser enormes. Los gigamáseres de hidroxilo suelen aparecer en galaxias que están fusionándose, algunos de los acontecimientos más importantes de la evolución galáctica.
Cuando dos galaxias chocan, no solo se mezclan sus estrellas y nubes de gas. También pueden acercarse progresivamente los agujeros negros supermasivos situados en sus centros. Ese proceso genera ondas gravitacionales, pequeñas ondulaciones del espacio-tiempo que constituyen uno de los campos más apasionantes de la física moderna.
La rapidez del hallazgo sugiere que podrían existir miles de objetos similares esperando ser descubiertos. Lo que hasta ahora parecía excepcional podría convertirse en una herramienta habitual para investigar el universo temprano.
El observatorio internacional SKA (Square Kilometre Array) está destinado a convertirse en el radiotelescopio más grande y sensible jamás construido, ampliado por el futuro ngVLA estadounidense.
Esta señal representa mucho más que un récord de distancia. Es una llave que comienza a abrir una puerta cerrada desde los orígenes del cosmos. La detección demuestra que la humanidad posee ya la capacidad tecnológica necesaria para escuchar algunos de los susurros más antiguos del universo. Cada nueva observación amplía el mapa de nuestra historia cósmica y nos acerca a comprender cómo surgieron las galaxias, cómo crecieron los agujeros negros y cómo el caos primitivo dio forma al cielo que contemplamos cada noche.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones