01/05/2026 06:03 - Otros
Sesenta y tres días lleva el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos. Sesenta y tres días de bombas, bloqueos y amenazas nucleares. Y mientras el petróleo Brent trepa a 126 dólares por barril, el Estrecho de Ormuz -por donde pasaba el veinte por ciento del petróleo mundial- está más cerrado que las cuentas de un ministro peronista después de una auditoría.
¿El resultado? La Agencia Internacional de Energía ya lo dijo: la mayor crisis energética de la historia. Europa está desesperada. Alemania, esa nación que se burlaba de nuestra inestabilidad, ahora ruega por gas. Y ahí entra Argentina, caballeros.
El 29 de abril se adjudicó la construcción del gasoducto de GNL más ambicioso de nuestra historia. Cuatrocientos setenta y un kilómetros desde Tratayén hasta el Golfo San Matías. Una inversión de más de quinientos millones de dólares. Y aquí viene lo bueno: un contrato con Alemania por siete mil millones de dólares durante ocho años.
El consorcio Southern Energy -compuesto por PAE, YPF, Pampa Energía y Harbour Energy- va a exportar dos millones de toneladas anuales de gas natural licuado. El proyecto completo suma quince mil millones de dólares en dos décadas. ¡Esto no es un negocio, es la salvación económica del país!
¿Y saben qué? La UTE adjudicataria es ítalo-argentina. Sicim con el cincuenta y uno por ciento y Víctor Contreras con el cuarenta y nueve. Techint y SACDE se quedaron con las manos vacías. Lloro por ellos, de verdad.
El 28 de abril, Lula da Silva firmó el decreto que promulga el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Entra en vigor en mayo. ¡Qué coincidencia! Justo cuando Europa necesita desesperadamente alternativas energéticas.
El acuerdo elimina aranceles en el noventa por ciento de los productos. Los aranceles agrícolas europeos caen del siete coma tres por ciento al dos coma seis. Los nuestros bajan del diez coma uno al uno coma nueve. Mil setecientas nueve empresas españolas tienen inversiones en Latinoamérica.
Pero no se emocionen tanto. Lula también quiere meter a Colombia en el Mercosur. El mismo Lula que se la da de progresista mientras Brasil se hunde en su propia crisis. El peronismo brasileño haciendo de las suyas, como siempre.
El Banco Central acumula compras por seis mil ochocientos setenta millones de dólares en 2026. Las reservas totales llegan a cuarenta y cinco mil doscientos once millones. El dólar oficial y el blue convergieron en mil cuatrocientos quince pesos. ¡Por primera vez en décadas!
El riesgo país bajó a quinientos setenta y siete puntos básicos. El superávit comercial del primer trimestre es récord: cinco mil quinientos millones de dólares. La inflación mensual ronda el tres por ciento. ¿Alguien dijo milagro económico?
Claro que hay nubarritos. El consumo cayó cinco coma uno por ciento interanual. La industria retrocedió ocho coma cinco por ciento. Pero eso es el ajuste necesario, queridos. No se puede hacer la tortilla sin romper los huevos.
¿Qué va a pasar? Se los voy a decir, porque yo no me gano el sueldo mirando el techo.
Primero: El petróleo va a seguir subiendo. Trump no va a levantar el bloqueo hasta que Irán negocie su programa nuclear. Y los ayatolás son más tercos que un burro con dolor de muelas.
Segundo: Europa va a necesitar gas argentino como el agua. El invierno europeo se acerca y las reservas están por el suelo. Alemania tiene los dedos helados y la conciencia sucia.
Tercero: Las exportaciones energéticas van a transformar la balanza comercial argentina. Si no metemos la pata -y conste que la casta es experta en meter la pata- podemos convertirnos en potencia energética mundial.
No puedo evitar mencionar el circo que se armó con el informe de gestión de Manuel Adorni. El hombre enfrentó cuatro mil preguntas sobre su patrimonio. La fiscalía lo investiga por enriquecimiento ilícito. Y el presidente Milei salió a defenderlo con música de Rocky. ¡Qué espectáculo!
Chequeado verificó ocho frases del funcionario: cuatro verdaderas, dos engañosas, una exagerada y una discutible. No está mal para un tipo que trabaja en un gobierno que prometió la verdad absoluta.
Pero lo importante es esto: mientras los políticos se pelean por los restos del naufragio, Argentina tiene una oportunidad histórica. El mundo arde, nosotros tenemos el gas. Solo falta no incendiar nosotros también.
Y a los peronistas que me leen -porque sé que me leen, aunque después digan que soy un vendido- les dejo una pregunta: ¿dónde está el modelo de hace tres años? ¿Dónde está esa soberanía energética de la que hablaban? Ah, cierto. La dejaron en el congelador junto con las reservas del Banco Central.
El mundo está en crisis. Europa necesita energía. Argentina tiene gas. La matemática es simple. Lo complicado es que no nos roben la oportunidad. Y créanme, en este país, siempre aparece alguien con la mano en la lata. ¡Viva la libertad, carajo!
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones