La arquitectura energética europea se encuentra nuevamente bajo presión. El bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán y la ofensiva de la milicia Huthi contra la infraestructura saudí han generado un shock en los mercados globales. El barril de petróleo ha superado la barrera de los 100 dólares —un salto del 60%—, mientras que el gas natural ha alcanzado los 80 euros por megavatio-hora, registrando un incremento del 180%.
Este fenómeno impacta directamente en el costo de la electricidad, dado que las plantas de gas suelen actuar como el precio marginal del mercado eléctrico europeo, encareciendo la energía para industrias y hogares en un momento de fragilidad económica.
Antecedentes: El fin de la era rusa
Tras la invasión de Ucrania en 2022, la Unión Europea inició un proceso acelerado de desvinculación del gas ruso. La crisis de 2022/2023 estuvo marcada por la escasez física del recurso. Para mitigar este riesgo, Alemania y sus socios invirtieron masivamente en terminales de Gas Natural Licuado (GNL) en puntos estratégicos como Wilhelmshaven, Brunsbüttel, Lubmin y Rügen, diversificando el origen del suministro y reduciendo la vulnerabilidad ante el chantaje del Kremlin.
A diferencia de crisis anteriores, la infraestructura actual es más robusta. La próxima entrada en funcionamiento de la terminal de Stade ampliará aún más la capacidad de importación inmediata. Sin embargo, esta capacidad técnica no neutraliza la volatilidad económica.
En este contexto, el modelo de objetivos de almacenamiento (Gasspeicherziele) ha entrado en crisis. El incentivo tradicional de comprar gas barato en verano para asegurar el invierno ha desaparecido debido a la inestabilidad provocada por el conflicto en Irán. Expertos señalan que las cuotas obligatorias de llenado, ya flexibilizadas por Bruselas y Berlín, podrían estar encareciendo artificialmente el recurso al forzar compras masivas en periodos de alta volatilidad.
Dato Geopolítico
La dependencia del GNL desplaza la vulnerabilidad: ya no se trata de un flujo controlado por un solo país (Rusia), sino de un mercado global sujeto a la estabilidad del Estrecho de Ormuz y a la voluntad política de los Estados Unidos, quienes podrían utilizar sus exportaciones de gas como herramienta de presión diplomática.
Perspectivas Globales
- Sería probable que la UE acelerara la electrificación de edificios y transporte para reducir la exposición a los shocks externos.
- El aumento de la capacidad de energía eólica podría mitigarse la presión sobre el gas durante los picos de invierno.
- Quizás se produzca un rediseño total de las normativas de almacenamiento energético, transitando de cuotas fijas a modelos de gestión más dinámicos y basados en el mercado.
- Podría intensificarse la tensión diplomática si el suministro de GNL estadounidense se viera condicionado a acuerdos políticos específicos.