28/07/2026 22:55 - Internacionales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó un intenso debate al acusar a Canadá de "envenenar" el aire estadounidense con el humo proveniente de casi 1.000 incendios forestales en territorio canadiense. Durante la final del Mundial de Fútbol 2026, el 19 de junio de 2026, Trump conversó con el primer ministro canadiense, Mark Carney, señalando: "Tienes que detener estos incendios para que no entren y envenenen nuestro aire".
Trump incluso sugirió la imposición de aranceles del 50% a Canadá y la búsqueda de sanciones o daños por el supuesto mal manejo forestal, una afirmación que ha sido recibida con incredulidad por la comunidad científica y que generó amenazas de sanciones por parte de legisladores republicanos.
Expertos en clima y ecología han salido al cruce de estas declaraciones. Michael Mann, climatólogo de la Universidad de Pensilvania, calificó la postura de Trump como una forma de "culpar a la víctima" y advirtió que las políticas que aceleran la producción de combustibles fósiles empeoran el problema. Por su parte, Marshall Burke, de la Universidad de Stanford, explicó que los intensos incendios no son producto de la inacción canadiense, sino del calentamiento global que ha hecho que los grandes incendios sean más comunes.
La ecóloga Lori Daniels, de la Universidad de Columbia Británica, enfatizó que sería "físicamente imposible" rastrillar o limpiar los más de 1.200 millones de acres de bosques boreales canadienses, como sugirió Trump. Estos bosques, dominados por abetos y suelos esponjosos usualmente empapados de agua, se vuelven altamente inflamables en condiciones de sequía.
Daniels subrayó que la verdadera solución pasa por abordar la crisis climática y apoyar a quienes pierden sus hogares y a los bomberos que arriesgan sus vidas, calificando de "insensible" culpar a otro país mientras ocurren estos desastres.
La crisis no se limita a Canadá, que ya ha visto consumirse 8,1 millones de acres (3,3 millones de hectáreas). En Europa, incendios masivos en Francia, España y el Reino Unido han provocado la evacuación de más de 250.000 personas. En Estados Unidos, los bosques de Washington, Oregón, Idaho, Colorado y Utah arden, generando columnas de humo tan extensas que podrían llegar hasta Florida.
El presidente español, Pedro Sánchez, resumió la situación afirmando que "toda la península ibérica sufre los efectos de la emergencia climática de una manera muy específica". Los expertos coinciden en que el mundo cruzó un punto de inflexión en la última década, y la única forma de mitigar estos desastres es una acción climática decidida y global.
Un reciente estudio sobre los incendios de Maui, Hawái, ocurridos hace tres años, revela que las consecuencias biológicas, emocionales y sociales persisten mucho después de que se apaguen las llamas. Investigaciones lideradas por la Universidad de Hawái y la Escuela de Salud Pública de Yale indican que la exposición al humo de los incendios puede aumentar el riesgo de hospitalización por problemas respiratorios y cardíacos, incluso a cientos de kilómetros de distancia. El estudio en Maui encontró que casi la mitad de los adultos sigue reportando síntomas depresivos y estrés postraumático, con un aumento en la presión arterial y niveles de obesidad en niños y adolescentes.
A pesar del panorama, los científicos enfatizan que, con el monitoreo a largo plazo y la creación de "centros de aire limpio", las comunidades pueden protegerse mejor. Alika Maunakea, coautor del estudio, destacó que los avances en la reconstrucción son reales y deben ser reconocidos, demostrando que la resiliencia humana es posible cuando se brinda el apoyo adecuado en vivienda, seguridad alimentaria y acceso a la atención médica de confianza.
Alfredo S. Quiroga