06/08/2026 07:56 - General
Para entender este descubrimiento, imaginemos el choque entre una estrella y un agujero negro. Este fenómeno, conocido como Evento de Disrupción por Marea (TDE), ocurre cuando una estrella se acerca demasiado a la fuerza gravitatoria de un agujero negro, desintegrándose y emitiendo un destello visible incluso desde galaxias a millones de años luz de distancia. (Para dar contexto, un año luz es la distancia que la luz recorre en un año terrestre, unos 9,46 billones de kilómetros).
Habitualmente, estos destellos se detectan en el centro de las galaxias, donde residen la mayoría de los agujeros negros supermasivos. Sin embargo, un reciente hallazgo desafía esta norma y nos invita a soñar con los misterios del cosmos.
Para identificar este fenómeno inusual, los investigadores recurrieron a la inteligencia artificial. Usaron el sistema tdescore, desarrollado por Robert Stein en la Universidad de Maryland y el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. Este avanzado algoritmo analizó los datos del proyecto Zwicky Transient Facility, que rastrea el cielo nocturno para detectar eventos brillantes repentinos. El sistema reconoció el evento, denominado 2025abcr, por sus características de luz y espectro, sin necesidad de que estuviera en el centro galáctico, demostrando el enorme potencial de la IA en la astronomía moderna.
El estudio, publicado el 28 de julio de 2026 en la prestigiosa revista The Astrophysical Journal Letters, detalla que el destello se ubicó a unos 30.000 años luz del núcleo de una galaxia masiva, la mayor separación registrada para un TDE óptico. Este agujero negro, bautizado como 'huérfano' o 'errante', posee una masa de aproximadamente un millón de veces la del Sol.
de soles alcanzó el brillo del destello, superando temporalmente a toda su galaxia anfitriona en el rango ultravioleta.
fue la temperatura cercana alcanzada durante la emisión de radiación en este fenómeno cósmico.
El equipo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill utilizó el telescopio SOAR, ubicado en Chile (un país mundialmente reconocido por su cielo despejado y óptimo para la astronomía), y el Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA para confirmar la naturaleza del fenómeno. La localización del agujero negro, a 750 millones de años luz de la Tierra, plantea dos emocionantes hipótesis sobre su origen: podría ser el resto de una antigua fusión entre galaxias o haber sido expulsado del centro tras interacciones gravitatorias con otros agujeros negros supermasivos.
Los resultados abren la posibilidad de detectar decenas de eventos similares cada año mediante telescopios de próxima generación, como el Vera C. Rubin Observatory y el telescopio espacial Nancy Grace Roman. Esto permitirá construir un mapa más completo de los agujeros negros errantes en el universo y profundizar en la evolución galáctica, demostrando que el espacio aún guarda secretos maravillosos listos para ser descubiertos.
Alfredo S. Quiroga