12/03/2026 11:22 - Internacionales
A casi dos semanas del inicio del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, los analistas internacionales coinciden en señalar una asimetría preocupante: mientras el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu entró al conflicto con objetivos definidos, Donald Trump lo hizo sin una estrategia de salida, lo que está generando crecientes costos políticos y económicos para Washington.
Según un análisis del periodista Brett H. McGurk publicado por CNN, dentro de la Casa Blanca se modelan tres escenarios posibles para el desenlace del conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026, con porcentajes estimados para cada uno.
Irán contenido como Irak en los años noventa: Estados Unidos completa la misión militar de degradar la capacidad de proyección de poder de Irán, pero las estructuras políticas permanecen intactas. La campaña de alta intensidad cesaría sin promesas de cambio de régimen. Las sanciones se mantendrían y pilotos estadounidenses patrullarían los cielos iraníes para disuadir futuras amenazas.
Retirada prematura y régimen reconstruido: Las sacudidas económicas obligan a Trump a declarar victoria antes de completar la campaña militar. Irán queda con estructuras de poder reconstituidas, resentido y con capacidad nuclear suficiente para reconstruirse. La región queda aún más inestable, con países del Golfo bajo amenaza constante.
Cambio de régimen: La presión militar debilita al aparato represivo y los iraníes vuelven a las calles para exigir el fin de la República Islámica. Este escenario tiene bajas probabilidades dado que la represión de enero dejó miles de muertos y no hay una oposición interna organizada y armada.
Según el análisis de Claudia Cinatti para La Izquierda Diario, Netanyahu no tiene dudas: su objetivo es "borrar del mapa a la República Islámica" y, en lo posible, sumergir a Irán en una guerra civil que lleve a su fragmentación siguiendo el modelo de Siria o Libia. El primer ministro israelí volvió a abrir el frente de guerra en el Líbano para consolidar el dominio del "Gran Israel".
Sin embargo, Trump envía señales contradictorias. Un día dice que la guerra puede durar 4 o 6 semanas (o incluso más), pero también afirma que sus objetivos están "prácticamente cumplidos" y que está a punto de terminar, sin precisar cuándo ni cómo.
"Sin objetivos políticos claros, la guerra se transforma en pura violencia y los resultados los decide el azar", citó el columnista Fareed Zakaria parafraseando a Clausewitz.
Un análisis de La Izquierda Diario señala que Trump entró a esta guerra con la hipótesis facilista de que un ataque militar devastador reactivaría el caos interno y llevaría a la caída rápida del régimen de los ayatolas, sin necesidad de desplegar tropas terrestres como en Irak. A esta altura está claro que esta hipótesis no se dio.
El problema para Washington es que en Irán aún no ha aparecido un "insider" que juegue el rol que Delcy Rodríguez desempeñó en Venezuela tras el secuestro de Maduro. Como ironiza un columnista de Financial Times citado en el análisis: más que "Furia épica", la operación debería llamarse "Buscando desesperadamente a Delcy".
Según los análisis, Irán adoptó una estrategia de "defensa activa" o "escalada horizontal": su objetivo no es la victoria militar (fuera de su alcance), sino aumentar los costos para los atacantes hasta que consideren desistir y buscar una salida negociada.
Esta estrategia incluye:
Las encuestas muestran que la guerra tiene una mayoría de estadounidenses en contra desde el inicio. Según IPSOS, solo el 27% aprueba los ataques. El estudio de Quinnipiac University ubica la aprobación en el 40% y registra que la aprobación presidencial no ha tenido variación significativa con el inicio de la guerra.
Un dato clave: el 67% de los independientes está en contra de la guerra, e incluso sectores de la base republicana y del movimiento MAGA se oponen porque la ven más como una guerra por los intereses de Israel que por los de Estados Unidos.
| Encuesta | Aprobación de la guerra | Oposición |
|---|---|---|
| IPSOS | 27% | 73% |
| Quinnipiac University | 40% | 60% |
| Independientes (Quinnipiac) | 33% | 67% |
El tiempo juega en contra de Trump. Cuanto más se extienda la guerra, más próxima estará a las elecciones de medio término de noviembre de 2026, que ya tienen pronóstico reservado para los republicanos. En un año al frente de la Casa Blanca, Trump ha dilapidado capital político y ha visto menguar el control de los poderes estatales y de su propio partido.
El análisis señala que, normalmente, el inicio de una guerra genera un primer efecto de "unidad nacional", pero esto no está sucediendo ahora. George Bush (padre) pasó del 64% al 82% de aprobación tras Tormenta del Desierto, y George Bush (hijo) pasó del 51% al 90% tras lanzar la guerra de Afganistán. Trump no ha visto ningún repunte.
Las potencias europeas se encuentran en una posición incómoda: mientras dicen no adherir a la guerra, envían fragatas y buques a la región con fines "defensivos" (Macron) y permiten el uso de bases estadounidenses (Starmer), o se suman al coro guerrerista como Alemania. La excepción tibia es el gobierno de Sánchez en España.
Fecha de análisis: 10-11 de marzo de 2026
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones