10/03/2026 01:11 - Actualidad
La Fiesta Nacional de la Vendimia 2026 cumplió 90 años con una puesta en escena ambiciosa, cargada de emociones y un fuerte impacto visual que conmovió al público mendocino. Sin embargo, un detalle conceptual no pasó desapercibido: el agua, elemento vital para la existencia misma de Mendoza, estuvo ausente en el relato central de la celebración.
El aniversario número 90 de la Vendimia exigía una producción especial, y el equipo dirigido por Pablo Mariano Perri respondió con una propuesta que combinó ritmo, sensibilidad y homenaje a las raíces. La decisión de traer simbólicamente a los fundadores de la fiesta al escenario fue uno de los aciertos más destacados de la noche.
Guillermo Cano, el gobernador que instituyó la Fiesta de la Vendimia, y Frank Romero Day, figura clave en el impulso inicial de la celebración, fueron homenajeados con escenas que dialogaron entre pasado y presente, mostrando cómo aquel sueño de mostrar Mendoza al mundo se convirtió en el mayor símbolo cultural de la provincia.
Si hubo un aspecto verdaderamente sobresaliente, fue el trabajo musical de Paito Figueroa. Su composición logró una radiografía sonora de los 90 años de historia vendimial, con matices que transmitieron identidad y emoción genuina. La música popular mendocina tuvo pulso y alma, diciendo más que cualquier explicación en varios pasajes del espectáculo.
El cuadro dedicado a la Virgen de la Carrodilla fue uno de los momentos más logrados de la noche. Resuelto con altura, respeto y emoción genuina, logró conectar con una dimensión profunda de la tradición cultural y espiritual de Mendoza.
El show de drones aportó un cierre contemporáneo e imponente, aunque según la crítica especializada, por momentos se extendió más de lo necesario. Igualmente, el despliegue visual fue celebrado por el público.
Precisamente porque el espectáculo fue de alta calidad artística, la omisión del agua como eje simbólico se sintió con más fuerza. Mendoza no existe sin el agua: el recurso que hizo posible transformar el desierto en oasis, que ordena el territorio y que es central en la identidad provincial.
La crítica señala que la omisión no debería recaer solo sobre Silvia Moyano, autora del guion. Una fiesta de esta magnitud atraviesa instancias de evaluación, dirección, devolución y validación previa. Si nadie advirtió ese vacío conceptual en una edición que apelaba a la memoria mendocina, la responsabilidad es compartida.
En el contexto actual, cualquier referencia al agua se cruza inevitablemente con discusiones de enorme peso social y político. Tal vez por prudencia, incomodidad o deseo de evitar polémicas, el espectáculo prefirió no poner el tema en el centro. Pero si la Vendimia aspira a estar a la altura de su tiempo, no solo debe emocionar: también debe contar con honestidad quiénes somos.
La Vendimia 2026 dejó una impresión positiva: hubo un equipo sólido, dirección cuidada y resultado artístico valioso. Pero también dejó una pregunta válida: ¿Es posible contar a Mendoza sin nombrar el agua? En una tierra donde el oasis es fruto del trabajo y el ingenio sobre un recurso escaso, esa ausencia simbólica fue un silencio incómodo en medio de una celebración por demás emotiva.
Fuentes: Diario Mendoza, El Sol Mendoza, información oficial de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones