04/03/2026 15:33 - Actualidad
La directora salteña, reconocida mundialmente por filmes como "La Ciénaga" y "Zama", estrena su primer largometraje documental tras catorce años de investigación y producción. La obra reconstruye el asesinato del líder indígena Javier Chocobar, ocurrido en 2009 en Tucumán, y el juicio que condenó a sus asesinos recién en 2018.
El 12 de octubre de 2009 —día del aniversario de la conquista española— un grupo de hombres armados llegó a la comunidad Chuschagasta en el Valle de Choromoros, Tucumán. Su objetivo era desalojar a los habitantes originarios de tierras que habitaban desde hacía más de 350 años.
La Corte Suprema dejó firmes las condenas recién el 23 de octubre de 2025.
Javier Chocobar tenía 68 años y era una autoridad indígena del pueblo Chuschagasta. Aquel día, mientras defendía su comunidad junto a otros comuneros, recibió disparos de un revólver calibre 32 largo. Sus últimas palabras, según testigos, fueron: "¡Turco hijo de puta, me ha baleado!"
También resultaron heridos Andrés Mamaní (disparo en el abdomen, vive con colostomía) y Emilio Mamaní (disparo en la pierna, aún tiene el plomo en el hueso).
"Nuestra Tierra" no es solo un registro del horror. Martel construyó un acto de restitución: recuperó los chips de teléfonos antiguos de los comuneros, sus álbumes de fotos familiares, las fiestas y los rostros de quienes para la historia oficial no tenían nombre. El documental expone cómo el lenguaje judicial convierte a las víctimas en números y otorga voluntad y nombre solo a los poderosos.
"El papel permite lo que le quieran poner"
La película también evidencia las contradicciones del juicio. En una escena, uno de los acusados —el ex policía Gómez— declara sin ambages: "El Estado me entrenó para hacer esto", mientras se jacta de su puntería como comando. Otro testigo, convocado por la defensa, intenta demostrar las supuestas habilidades multitarea del acusado, generando una escena absurda en medio de un proceso por asesinato.
Los Chuschas fueron trasladados al Valle de Choromoros desde los Valles Calchaquíes hace más de 350 años, forzados por las autoridades coloniales luego de las guerras calchaquíes. Sobre ellos pasó una maraña de papeles: tributos, arriendos y declaraciones de extinción para apropiarse de sus tierras. En dos siglos, las familias que intentaron acaparar el territorio fueron los Molina, Cobo, Alurralde, Colombres —expropiados luego por el Estado provincial— y finalmente los Amín, que llegaron en 1959.
El asesinato quedó grabado en video, algo inusual para 2009, cuando el registro permanente de la violencia no estaba tan normalizado. Uno de los comuneros, Delfín Cata, llevaba una cámara de rollo. Logró desarmar a Gómez y Valdivieso, quitándoles sus pistolas, y posteriormente entregó el video a la policía. Esa evidencia fue fundamental para el juicio, a pesar de las presiones del jefe de policía provincial Hugo Sánchez —cuñado de Gómez— para descartarla.
La primera proyección del documental se realizó en el salón comunitario del territorio Chuschagasta, con toda la comunidad presente. Allí descubrieron que, aunque el Estado intentó convertirlos en números en expedientes judiciales, existe un registro que ninguna bala pudo destruir: el de un pueblo que, tras 350 años de asedio, sigue eligiendo no irse de su lugar en el mundo.
La directora salteña, reconocida internacionalmente por su trilogía salteña ("La Ciénaga", "La niña santa", "La mujer sin cabeza") y "Zama", construye en "Nuestra Tierra" un paisaje sonoro con varias capas superpuestas. Para esta producción, el equipo recuperó los archivos de audio de los teléfonos antiguos de los comuneros: el sonido de las fiestas familiares, los chistes, la forma de hablar sin inhibiciones. Martel logra lo que parece imposible en tiempos de sobreabundancia de crueldad: narrar sin violencia, deconstruyendo el lenguaje de una época.
El documental se estrena esta semana en Argentina.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones