07/08/2026 05:32 - General
Según informó The Guardian, médicos en Canadá confirmaron el fallecimiento de un niño de 11 años a causa de la rabia. El incidente, catalogado por los especialistas como excepcionalmente raro, ocurrió en 2024 durante una visita familiar a una cabaña en el norte de Ontario, una provincia canadiense conocida por sus vastos bosques y áreas silvestres.
El menor se despertó una noche y encontró un murciélago posado sobre su nariz y boca. Aunque el padre capturó al animal y lo liberó, y los padres no observaron mordeduras ni un comportamiento extraño en el animal, no buscaron atención médica inmediata. Diecinueve días después, el niño desarrolló hormigueo, entumecimiento e hinchazón en el lado derecho de su rostro, marcando el inicio de los síntomas.
Para quienes no están familiarizados, la rabia es una enfermedad viral grave que afecta el sistema nervioso central. Generalmente se transmite a los humanos a través de la saliva de animales infectados, siendo los murciélagos los principales vectores en Norteamérica, junto con zorrillos, mapaches y zorros. Las mordeduras o arañazos a menudo son tan pequeños que pasan desapercibidos, pero el virus puede ingresar a través de cortes o el contacto de la saliva con los ojos, nariz o boca.
El caso destacó la necesidad imperante de una mayor conciencia pública. Aunque la rabia es rara en Canadá (con solo 28 casos documentados desde 1924 y el último en Ontario en 1967), la enfermedad suele ser fatal una vez que se manifiestan los síntomas. El menor fue ingresado a cuidados intensivos y, aunque los médicos evaluaron administrar anticuerpos directamente en el cerebro, la familia y el equipo médico decidieron no continuar debido a la naturaleza invasiva y falta de eficacia comprobada del procedimiento.
Este trágico suceso subraya un mensaje vital para la salud pública global: ante cualquier contacto sospechoso con animales silvestres, el reconocimiento temprano y la atención médica inmediata son la única forma de prevenir esta letal enfermedad. La buena noticia es que, con la educación adecuada y la pronta acción médica, estas tragedias son totalmente evitables y podemos proteger a nuestras comunidades.
Alfredo S. Quiroga