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16/12/2025 23:06 • SOCIALES • SOCIALES
El síndrome de piernas inquietas (SPI) es un trastorno neurológico caracterizado por una necesidad irresistible de mover las piernas, a menudo acompañada de sensaciones desagradables como hormigueo o ardor. Afecta aproximadamente al 10?% de la población adulta y suele empeorar durante el reposo nocturno, dificultando el sueño.
La enfermedad de Parkinson es una patología progresiva que afecta al sistema motor y a funciones no motoras, provocada por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en el cuerpo estriado. Sus síntomas clásicos incluyen temblor, rigidez y bradicinesia. Detectarla en una fase temprana resulta esencial para iniciar tratamientos que ralenticen su avance.
Investigadores de la Universidad de Toronto y colaboradores internacionales publicaron el 10 de diciembre de 2025 los resultados de una cohorte longitudinal que siguió a más de 1?500 participantes entre 40 y 80 años durante diez años. Los datos mostraron que quienes presentaban SPI tenían una mayor probabilidad de ser diagnosticados con Parkinson en los años posteriores, en comparación con los que no la tenían.
El hallazgo sugiere que el SPI podría considerarse un biomarcador prodromal de Parkinson, es decir, una señal temprana que precede al cuadro clínico completo. Si se confirma en estudios futuros, los profesionales de la salud podrían incorporar la evaluación del SPI en los protocolos de detección precoz, lo que permitiría iniciar terapias neuroprotectoras antes de que la enfermedad cause daño irreversible.
Ante la presencia de síntomas de SPI, es aconsejable consultar a un neurólogo o a un médico de medicina interna. Un diagnóstico preciso y un seguimiento continuo pueden ayudar a identificar cualquier cambio neurológico emergente y a adoptar medidas preventivas.
Los autores del estudio resaltan la necesidad de investigar los mecanismos fisiopatológicos que vinculan ambos trastornos, como la alteración del sistema dopaminérgico y la inflamación cerebral. Asimismo, se propone explorar intervenciones farmacológicas que puedan modular el SPI y, potencialmente, retrasar la aparición del Parkinson.