09/03/2026 12:10 - Internacionales
En la tarde del 27 de marzo de 2006, un macabro descubrimiento estremeció a los vecinos de la comuna de Puente Alto, en la zona sur de Santiago de Chile. Un perro callejero que caminaba por un sector cercano a un basural apareció con algo extraño en el hocico. Un joven que lo observó se acercó con curiosidad y descubrió que el animal llevaba un pie humano entre los dientes.
Ese fue el principio de uno de los casos policiales más impactantes de la historia reciente del país trasandino, conocido como el "Caso del Descuartizado de Puente Alto", que inspiró libros, obras de teatro y documentales.
Joven de 20 años con una historia de vida marcada por la marginación:
El fiscal Pablo Sabaj lideró la investigación. A pesar del estado de los restos, los peritos forenses lograron un avance crucial: reconstruyeron las diez huellas digitales a partir de pequeños bordes de piel que el asesino no había eliminado completamente.
Además, hubo un detalle que se volvió determinante: en uno de los brazos había quedado un tatuaje de Cupido que el criminal no había logrado borrar. Este elemento permitió identificar a la víctima el 6 de abril de 2006, diez días después del primer hallazgo.
Los estudios forenses también revelaron que el cuerpo había sido refrigerado antes de ser abandonado. Las larvas de moscas encontradas en los restos tenían el mismo nivel de desarrollo, indicando que las partes fueron distribuidas en diferentes días desde un ambiente frío.
Los investigadores llegaron hasta Jorge Iván Martínez Arévalo, un hombre de 41 años que trabajaba en la Municipalidad de La Pintana y dueño de una heladería junto a su casa, en el sector de Santa Rosa.
El 8 de abril de 2006, cuando Carabineros se presentó para interrogarlo, Martínez activó la alarma contra robos, corrió a su habitación y se disparó en la cabeza. Su familia rechazó la versión del suicidio, pero la Justicia determinó que la muerte fue autoinfligida.
La esposa de Martínez encontró una extensa carta en la que él explicaba su relación con Pozo. El comerciante afirmaba que el joven lo extorsionaba diciendo que era su hijo biológico y amenazaba con revelar ese secreto a su familia. Martínez escribió que había contratado a supuestos policías para intimidarlo, pero la situación escaló. Pruebas de ADN posteriores descartaron cualquier vínculo biológico entre ambos.
Con la técnica del luminol, los peritos detectaron una mancha de sangre lavada que pertenecía a Pozo. También encontraron:
El 14 de abril de 2006, el Servicio Médico Legal entregó los restos de Hans Pozo a su familia adoptiva. Su velorio se realizó en una sede social de La Pintana, con asistencia de cerca de 300 personas.
En 2007, la fiscalía concluyó que Jorge Martínez Arévalo había sido el autor del homicidio y descuartizamiento. El 18 de abril de 2013, el fiscal Pablo Sabaj solicitó el sobreseimiento definitivo de la causa al no comprobarse la participación de terceros en el crimen.
Fuente: TN, basado en información de La Cuarta, Emol y 24 Horas CL.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones