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20/01/2026 00:10 • ACTUALIDAD • ACTUALIDAD
En el polo norte de Saturno se extiende un vórtice hexagonal que, con sus 30.000 km de diámetro, supera la anchura de la propia Tierra. Sus bordes están marcados por corrientes de nubes que giran a velocidades de 320 km/h y, en los momentos más intensos, pueden alcanzar hasta 500 km/h. Cada uno de sus seis lados supera el diámetro de nuestro planeta.
El fenómeno fue detectado por primera vez en 1981 por las sondas Voyager, que enviaron imágenes de unas extrañas corrientes en forma de “cinta”. Sin embargo, fue la misión Cassini, que orbitó Saturno entre 2004 y 2017, la que reveló la verdadera geometría hexagonal y permitió medir sus dimensiones y velocidad de los vientos mediante espectrómetros visuales e infrarrojos.
Los científicos explican que el hexágono es una corriente de chorro —una banda estrecha de vientos rápidos— que se estabiliza bajo la combinación de la rápida rotación del planeta (??10,7?h) y la composición de sus nubes, dominadas por hidrógeno y helio. Experimentos en laboratorios terrestres y simulaciones numéricas sugieren que la simetría surge cuando la velocidad del flujo y la viscosidad del medio cumplen ciertos rangos críticos.
Saturno orbita a una distancia de 1,3 a 1,7 mil millones de km de la Tierra y, al igual que Júpiter, está formado mayormente por hidrógeno y helio. Su luna más grande, Titán, posee una densa atmósfera de nitrógeno y metano, pero el hexágono pertenece exclusivamente al planeta mismo.
Aunque se ha avanzado mucho, el hexágono sigue desafiando la física de fluidos planetarios. A diferencia de los huracanes terrestres, que desaparecen en una semana, el vórtice de Saturno ha persistido durante décadas y probablemente lo hará por siglos, ofreciendo a los astrónomos una vía única para estudiar la dinámica de atmósferas gigantes.
Fuente: La Razón