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18/01/2026 19:12 • ACTUALIDAD • ACTUALIDAD
Los investigadores, liderados por la glacióloga Helen Ockenden (Edinburgh Cryosphere) y el profesor Robert Bingham, combinaron imágenes satelitales de alta resolución de la superficie del hielo con modelos físicos del flujo glaciar desarrollados desde la década de 1960. La superficie helada actúa como una “capa molde” que refleja, aunque suavemente, la topografía del terreno subyacente. Al analizar las pequeñas ondulaciones que genera el hielo al deslizarse, pudieron inferir la posición de colinas, valles y depresiones ocultas.
La forma del lecho rocoso controla la fricción que experimenta el hielo al fluir hacia el mar. Un terreno más irregular puede ralentizar el movimiento glaciar, mientras que una superficie lisa lo acelera, influenciando directamente la tasa de derretimiento y, por ende, el aumento del nivel del mar. En el peor de los escenarios, la completa pérdida del hielo antártico elevaría los océanos en unos 57?m.
Hasta 2025, el proyecto Bedmap3, impulsado por el Comité Científico para la Investigación Antártica (SCAR), reunía datos de sonar, radar aerotransportado y mediciones sísmicas, acumulando 82 millones de puntos de referencia. Sin embargo, esos datos cubrían sólo trayectos aislados, y el resto del territorio debía ser extrapolado. El método actual “rellena” esas sombras, ofreciendo una visión continua del subsuelo.
Los autores anticipan que, con futuras misiones satelitales y el desarrollo de modelos de mesoescala, el mapa podrá alcanzar resoluciones de 1 km para la próxima década, coincidiendo con el Año Polar Internacional 2032?2033. Este avance será fundamental para mejorar los modelos climáticos globales y planificar respuestas frente al cambio climático.
Fuente: Diario Norte (basado en publicación de *Science*).